¿Qué es una Vía ferrata?

Una vía ferrata es un itinerario deportivo que transcurre por paredes o macizos rocosos y que está equipado para facilitar la progresión mediante peldaños, clavijas, rampas, pasamanos, grapas, cable y en general todo tipo de elementos que garantizan la seguridad de los aventureros a lo largo de la vertiginosa ruta.
Se trata de una actividad que está a medio camino entre el senderismo de montaña y la escalada. Está hecha para aquellos a los que un simple paseo por la montaña les sabe a poco, pero les da demasiado respeto la escalada o consideran que no están suficientemente preparados. Eso sí, se recomienda que aquellos que vayan a realizar una vía ferrata sean excursionistas un tanto rodados o experimentados en la montaña. Las rutas marcadas con clavijas, cadenas, grapas, etc. suelen llevarte por lugares de gran altura, así que si eres una persona que sufre de vértigo, será mejor que te busques otra actividad más cercana al suelo.
¿Te animás?

miércoles, 25 de abril de 2018

KV WINTER DEL MONCAYO

18 de marzo de 2018 - KV WINTER DEL MONCAYO



El 18 de marzo de 2018 nos unimos a nuestros amigos agredeños del Club Runners del Moncayo para hacer el “KV WINTER DEL MONCAYO”.
No somos runners, pero aprovechamos la oportunidad que nos brindaron de ascender a la cima del Sistema Ibérico en su experta compañía pues compartimos el amor a la montaña y el embrujo que ejerce esta en concreto, que no habíamos visitado en invierno y que nos sedujo contemplándola ahora desde otra dimensión, tan bella con ese manto blanco y tan peligrosa al mismo tiempo...




Cuando a tus padres, sabedores de los accidentes que ha habido, de las vidas que se ha cobrado esta montaña, de lo peligrosa que puede ser en días de niebla como este, no les hace ninguna gracia la idea de imaginarte ascendiendo por sus congeladas laderas, cuando vas a encontrarte restos de aviones accidentados por allí en días de niebla; te has de concienciar de que no es un simple “paseo” lo que vas a hacer, y tienes que dar a la seguridad la importancia que requiere.
Así pues, nuestros amigos de Ágreda exigían el uso de material técnico obligatorio y con toda la razón, pues durante la ascensión pudimos comprobarlo tras resbalar sobre el hielo que se ocultaba tras esa bella capa de nieve.





Con los mejores compañeros posibles, partimos hacia la cima de la montaña frontera entre Aragón y Castilla, rodeados de los encinares de carrasca que crecen sobre las calizas del piso inferior de la sierra del Moncayo.  Zona caliza horadada por las aguas moncaínas que han labrado simas, dolinas y cuevas. La mayor de todas da nombre al pueblecito del que partimos: Cueva de Ágreda rumbo a una ascensión de 1000m en vertical, recorrida a lo largo de algo más de 6 km.






Con una mezcla de emociones en la mirada, deseando que aclarase el día para manejarnos mejor en la cima, dejamos atrás el pueblo y atravesamos la pradera en pos de las primeras estribaciones.
 





La ruta no tenía pérdida, seguir hacia arriba el curso del río Trasmoncayo, que en estas fechas bajaba alegre y bullicioso.






La mayoría de estas aguas acaban filtrándose en el terreno calizo y cruzan en subterráneo por debajo del Moncayo emergiendo al otro lado, en la cara norte en esa estupenda surgencia que es el nacedero del caudaloso río Queiles en Vozmediano.
 





Tras cruzar un pinarcito, seguiríamos el barranco rodeados de robles (rebollos los llaman aquí) disfrutando del sonido del agua que, por correr por el suelo silíceo, no se filtra aquí todavía.






Objetivo: Cruzar a 1.950 m ese paso natural entre las dos vertientes del Moncayo y frontera entre Castilla-León y Aragón que es el Collado de Castilla, entre Peña Negrilla (2.117m) y el Pico de San Miguel (2.314m), para alcanzar éste último, también llamado Pico del Moncayo.
 





El río Trasmoncayo se abría paso entre la nieve hacia cotas más bajas,
 





mientras nosotros hacíamos lo contrario, subiendo a buen paso y en plena armonía.






Nuestros amigos de Ágreda, experimentados corredores, nos sacaban ventaja, pero enseguida nos esperaban para reagrupar, desoyendo nuestra petición de hacer dos grupos.






El compañerismo en la montaña es enorme: Grandes deportistas que llevan tiempo preparando una ascensión con un programa al que no dudan renunciar si las circunstancias del compañero lo requieren.





Cuanto más arriba, más oculto baja el río, llegando a discurrir completamente cubierto por una nieve que a veces se abría para dejárnoslo ver.





¿Restos del fuselaje de un avión accidentado?






Ascendimos por el Collado haciendo alguna que otra paradilla para admirar y fotografiar el paisaje.






Cuanto mayor era el manto de nieve, más bella se nos iba mostrando la montaña,





no tardando en tener que ponernos los crampones.






Esto es disfrutar de la montaña (y de la compañía).
 




Por aquí nos encontramos con un grupo de vallisoletanos que se habían levantado ¡a las 4 de la mañana! para vivir esta experiencia.





Y por aquí alguno que otro descendía esquiando (¿arriba te dan unos esquíes para bajar?)
Otro montañero, de bajada, nos da ánimos con un navarrico: ¡Aúpa!






Por fin la montaña abre sus brazos, para acogernos al sol y mostrándonos su blanca cumbre destacando bajo el azul del cielo.






En la montaña,cuando el tiempo esta cambiante,se te pueden echar encima las nubes y la niebla. Eso es lo que no paso tras acender un tramo más,lo cual casi nos obliga dar la vuelta ante el desconocimiento exhaustivo la zona y con los antecedentes que esta tiene.
Junto a nosotros llega en ese momento Ismael,un montañero durolense,que ya conocía la ascensión y nos anima a subir junto a él.
Gracias a él,nuestro camino continua para ofrecernos su recompensa unos metros más arriba.
La segunda de las cumbres superior a los 2.000 metros ya es nuestra!!
Crónica: Jaime.
Fotos: Jaime, Luis, Elena.









Cueva de Fuentemolinos (Burgos), Ferrata de Silanes y Ferratas de Sobrón.

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